Poemario toxicómano ilustrado
martes, 17 de abril de 2012
Miau
iluminando el vasto asfalto,
donde se esconde gente modesta,
e ilumina a los romanticos.
Las ratas agazapadas observan,
entre escombros y alcantarillas,
debajo de rincones asustadas,
las eses pícaras de dos gatos.
El reglamento se desquebraja,
entre las calles en penumbra,
ni dioses ni patrias ni amos,
en cada salto por los tejados.
Se rompe la tela de amargura,
se desquebraja la tristeza,
y en tus ojos color oliva,
el reflejo del gozo y el neon.
En la calle de los sueños rotos,
desnudaste todo tu sentimiento,
nuestras colas se enrollaron,
y entre huerfanos nos dimos calor
Nunca sera para ninguno de los dos,
ni la derecha ni la izquierda,
ni para arriba ni para abajo,
solo el abismo entre los tejados.
Bendita sea tu boca que da besos,
cuando nos cansamos de soñar,
cuando no hay nada en lo que creer,
y la luna nos arropa con su manto.
miércoles, 11 de enero de 2012
Anaid
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Adormidera
domingo, 23 de octubre de 2011
A una gata
se encuentra tu inocente mirada,
y en la profundidad de tus ojos,
como de gatita dócil y tranquila,
el zarpazo agresivo cual fiera.
Hija de la rabia y la derrota,
compañera de verbenas absurdas,
te nutres a diario de cerveza,
para vencer al tedio que te marca,
la horca en el minutero del reloj.
Llevo tatuado en mi memoria
todas las noches de excesos,
tirados en cualquier lado,
arropados por el brillante neon,
olvidando nuestras miserias.
Noches impregnadas de fracaso,
donde nos envuelve el dolor,
de este despreciable sinsentido,
donde las alcantarillas y los vómitos,
son la única fragancia de las aceras.
En tu agujero sobre el cemento,
cuya habitación es una mansión,
nuestros sueños se han reunido
todas las dolorosas mañanas
que nuestros cuerpos han deseado.
Tal es la miseria en el campo,
tal es la miseria de la ciudad,
que nos volvió seres títanicos,
perfectos, valientes y virtuosos,
y a la vez crueles entre nosotros.
Malviviendo dentro de las estrellas,
escapaste de un delirio de alcohol,
y de vez en cuando a ostias te bajo,
para que dejes un momento de degustar,
el dulce sabor de la descomposición.
Siendo novia de nadie y de todos,
cual gata seductora en celo,
sigo maullando bajo tu tejado,
dolorido por la pequeña cicatriz
de la cual no deja de brotar sangre.
Y siendo nuestro tenaz orgullo
como grandes muros de cemento,
seguiremos maullando a la luna,
recorriendo los grises callejones,
y atracando salvajemente a la vida.
viernes, 7 de octubre de 2011
Cadenas
En una mazmorra en el fondo
de una oscura y tétrica tumba,
yace amarrada y ansiosa un alma
sedienta de albedrío y libertad.
Entre grilletes de acero
y suelo de piedra y estiércol,
las ratas, garrapatas y gusanos
se alimentan de esta osadía.
Juventud infectada de miles de garabatos,
roída por las un puñado de ratas,
penetrada por miles de larvas,
crucificada por mil alcayatas.
Dentro del tedio que le aprisiona,
del aburrimiento que le amarra,
hace de las estrellas su hogar,
y el universo su anhelo clandestino.
Sueño de juergas, farras y locuras,
donde gatos locos bailan rock&roll,
donde no hay limites para el demonio,
donde florece para todos la imaginación.
Y tu no quieres dentro de esta pesadilla
estar con aquellos hijos de la noble miseria,
prefieres a otros con dinero y potestad,
que la escasez donde agoniza el trabajador.
Miserias en el reflejo del abismo,
de un obrero cuyo espíritu amarrado
en las miserias que otorga el capital,
lucha por reventar sus hierros,
combate sin piedad ni tregua
hasta el resquebrajamiento total.
Cadenas de hierro que atan y amarran,
cadenas que se fraccionan en el tiempo,
cadenas que se descomponen con el orgullo,
cadenas que se desquebrajan con la libertad.
Esfuerzo que provoca la potencia
de las olas que chocan en el arrecife,
de un heredero del vigor del pasado,
la fuerza de la juventud que arremete
y rompe el candado que la esclaviza.
Y recuerda cariño mio,
mi hogar serán las estrellas,
y el tuyo la muerte donde,
ni las moscas revolotearán
sobre tu cadáver en pasajera
descomposición...
sábado, 1 de octubre de 2011
Carroña
El cielo encapotado escupe
a unos putridos zombies,
que danzan descalzos,
entre vidrios rotos
y cabezas torcidas.
Ahí yace mi cuerpo
infectado y lleno de gusanos,
bajo luces de neón
se expande y aumenta
por cada una las venas
veloz como una gacela.
El dolor de los pinchazos
asciende lentamente a la cabeza,
las piernas endebles
no permiten moverme,
el cerebro devorado por gusanos,
y mi vida en una lata.
El hedor de la descomposición
del cadáver de mi persona,
de lo que no pudo ser,
es inhalado por cualquiera
produciendo terribles nauseas
La ansiedad estremece mi corazón,
retumba por todo mi cuerpo,
se retuercen pies y manos,
y mis pulmones se ahogan
en la putrefacción de la carroña.